viernes, 19 de junio de 2015

25. VIPCH


"Vuelta de la Pesca" José Gutiérrez Solana
(Centro de Arte Reina Sofía).


Bucear en el pasado puede convertirse en abrir una caja de sorpresas cuando menos te lo esperas. Me ha pasado ya varias veces. La última ha sido al investigar un poco para tratar de elaborar este artículo sobre la única marca oficial (artesanos ha habido alguno más) de fabricación de bicicletas en Cantabria. Resulta que siguiendo algunas pistas acabé dando con el que fuera creador y dueño de la marca VIPCH, y tras reunirme con él, comprobé que la historia de su fábrica, no es nada comparado con la historia “ciclista” de su vida. Así pues me encuentro ahora con la delicada y difícil tarea de redactar un texto sobre esta marca de bicicletas, ilustrarla a la vez de algunas anécdotas de la vida de su artífice y todo ello tratando de que el personaje no se coma al objetivo del escrito. Veremos a ver qué sale de todo ello.

Bicicleta Vipch


Alberto Valiente hace ya algunos años que cumplió los 80, pero su conversación se mantiene joven, fresca, ágil y, sobre todo, muy interesante para cualquier persona ávida de conocer datos y anécdotas sobra la historia del ciclismo español. Nacido en Guarnizo (Cantabria) pronto se vio trasladado a León por cuestiones familiares. Allí se aficionó al ciclismo, aunque considera que fue un corredor del montón, entre otras cosas porque andar simultaneando la práctica del pedaleo con horas de trabajo en la tienda familiar de ultramarinos, no parece que fuera lo más adecuado para recuperarse. Pese a ello, recuerda haber tomado parte en una carrera de pre-selección para la olimpiada de Roma, en la que también participó Bahamontes, pero ganó de forma espabilada una “gacetillero” de Radio Nacional de España llamado Pedro Vargas. Alberto corrió con su primera bicicleta de carreras, una Gaitán “Flauta” que, disponiendo de un “tubo vertical” nada convencional,  sonaba como el mencionado instrumento de viento, variando la “melodía” en función de la velocidad a la que se desplazara. Por lo visto tenían que pasar varias veces por la cuesta de las “Perdices”, y alguno consiguió engañarle y hacerle parar, simulando un perfecto sonido de pinchazo detrás de él. Gajes del oficio y picaresca de la época.

La afición le hizo dirigir algunos equipos y enseguida introducirse de lleno en el mundo del periodismo deportivo, al que consagraría gran parte de su vida centrándose en la crónica ciclista, escrita en el diario Proa leonés y radiofónica en la La Voz de León. Con ambos medios cubrió innumerables carreras por España, por su puesto muchas Vueltas, además de un Giro y un Tour. Precisamente, en aquella ocasión fue testigo de una salida de Hugo Koblet por un terraplén. A día de hoy, es posible que Valiente sea el periodista de ciclismo (vivo) con más años de antigüedad de nuestro país, tal y como atestigua su primer carnet de prensa de 1956.

El primer carnet de prensa de Alberto Valiente, fundador de
bicicletas Vipch


Tan metido estuvo en el mundo del pedal en la época leonesa de su vida que fue uno de los fundadores de la Vuelta a León, en la que participó activamente como director técnico en sus dos primeros años. Aunque evitó encargarse de los asuntos económicos, cuenta que mantuvo una curiosa relación con un ganadero leonés de reses bravas llamado Valdés, que por ser muy aficionado al ciclismo se ofreció como patrocinador de parte del presupuesto y de un trofeo. La vuelta tuvo carácter internacional con presencia de un equipo francés y otro portugués. Como curiosidad, comentar que también figuró el equipo aficionado de la Penya Solera Barcelonista, en la que militó Pérez-Francés y que presidió el ex-jugador César Rodríguez, un portento futbolístico que se ha mantenido durante casi 60 años como máximo goleador de la historia del FC Barcelona (232 goles en partidos oficiales) hasta que recientemente ha sido desbancado por Messi.

César Rodríguez, cromo de la temporada
50-51.
 César Rodríguez Álvarez en un lance del juego
(un auténtico crack).



Paralelamente a su labor periodística, nuestro protagonista se introdujo en el mundo de los negocios y creó una empresa dedicada a los parches y a una amplia gama de productos químicos para la automoción. De aquel negocio surgió la principal marca comercial de su vida: Navali, la cual acabó localizándose en las inmediaciones de Santander. La empresa fue creciendo y llegó a tener hasta 70 trabajadores en plantilla. La buena marcha de la misma, la afición al ciclismo de su propietario y la demanda manifestada por mucha gente conocida y la sociedad en general, que en los inicios de los años 80 mostró cierta tendencia hacia el consumo de bicicletas de calidad, le animaron a fundar su propia marca de fabricación de bicicletas: VIPCH. El nombre provenía de la expresión “Vulcanizado Internacional del Parche”, verdadero motor económico para su nacimiento. La fábrica no sé montó de cualquier manera, a nivel técnico se fundamentó en el asesoramiento del artesano italiano Andrea Pesenti, con quien tenía amistad y que ha sido diseñador para Cinelli (la “Laser” fue obra suya) durante 25 años. Pesenti pasó temporadas en Cantabria dirigiendo el montaje de los talleres y enseñando. También acogió a dos técnicos de VIPCH en su lugar de trabajo, en Italia, durante alguna temporada. La maquinaria necesaria fue comprada en Milán al grupo Columbus y la organización del trabajo quedó dispuesta de la siguiente manera: los cuadros se soldaban en Peñacastillo (hasta dos montadores y 5 soldadores llegaron a trabajar simultáneamente en la época de mayor actividad, cuando el dispositivo humano dedicado a las bicicletas rondaba los 18-20 trabajadores), donde disponían de una especie de “robot” o “potro” rotatorio para la soldadura, que podía alojar hasta nueve cuadros. El pintado se llevaba a cabo en las instalaciones de Navali, en Herrera de Camargo, y en seguida se abrió una tienda en un amplio local de la calle Alonso Vega de Santander. Esta última la conocí bien. Entre los soldadores empleados destacaba por su excelencia uno llamado Cacho. Un hombre muy vinculado al ciclismo cántabro al que conocí hace años como director de equipos juveniles y menores, y que en la actualidad supervisa el tema de las emisoras durante las carreras regionales. El inicio de la firma fue fenomenal, su pico de ventas llegó alcanzar las 500 unidades (entre cuadros y bicicletas) en un mes concreto, y el ritmo de producción óptimo alcanzó los 400 cuadros al mes. A ello ayudó la coincidencia de su puesta en marcha con la irrupción de la bicicleta de montaña el mercado, un artículo que inicialmente levantó bastante escepticismo entre los círculos habituales del ciclismo tradicional, pero que pronto se erigió en un espectacular revulsivo para el sector. Aunque otros fabricantes también se apuntan “el tanto”, Valiente afirma que montaron la primera BTT fabricada en España y que la presentaron en la Feria de Valladolid.

Andrea Pasenti trabajando en Cinelli


Coincidiendo con su labor productiva, VIPCH creció también en la cuestión comercial y se fue haciendo con interesantes distribuciones en exclusiva. Interesantes desde el punto de vista de la innovación, la calidad, y a los ojos de la actualidad, una indiscutible personalidad atemporal dentro de la fabricación ciclista. Un buen ejemplo de ello fue la de los sillines Brooks (ahora tan de moda). Valiente asegura que los italianos son unos magos a la hora de vestir, envolver y vender lo suyo, pero que ni mucho menos, en todas las ocasiones, resulta lo mejor. Para él, y para algunos corredores de épocas pasadas como San Emeterio, Pontón, etc. No había nada mejor que Brooks. El legendario director deportivo Expósito “curaba” los míticos sillines británicos bañándolos en leche. Precisamente, Valiente le regaló un sillín Brooks a Delio Rodríguez para su disfrute personal, cuando el corredor llevaba ya muchos años retirado. Otra distribución con personalidad fue la de Maillard. “Bujes inagotables” según su parecer, “lo mejor que se ha diseñado en la materia, y la primera patente en el actual formato de cassette”. La casa Maillart, por su calidad y buen hacer, fabricó mucho para Mavic. Italmanubri, fabricante de manillares (los 3ttt entre otros), también fue otra de sus representaciones “cuando nadie los quería”. Y por si fuera poco todo este inventario y selección, no podemos olvidarnos de Sturmey Archer y sus cambios de buje, toda una referencia tecnológica del cambio de marchas a punto de cumplir su centenario, dando servicio a millones de usuarios de la bici en el mundo.

Las bicicletas VIPCH se construían tanto en tuberías Columbus, como sobre todo Reynolds, al ser igualmente distribuidor de esta última. Sin embargo, al cabo de unos años también llegó a un acuerdo de distribución con la firma italiana Oria, la cual utilizaba metal o tubos (sobre esto hay poca información) de la compañía alemana Mannesmann. Precisamente cuando empezaron a trabajar con este material sufrieron un “patinazo” (reconocido por él) en forma de rotura de algunos cuadros. Investigada la cuestión se concluyó que aquel acero no era válido para soldadura convencional, si no que requería hacerlo “a la plata”. Quizás desde entonces proviniera cierta leyenda negra que en ocasiones les acompañó, sobre la fiabilidad de los cuadros, los cuales por cierto, fuera de aquel asunto, se siguen mostrando, a día de hoy, décadas después, súper-fiables.

La empresa tenía una evidente filosofía innovadora, en plenos años ochenta se atrevían con formas de cuadros divergentes en algunos modelos experimentales que también vendían. Estoy intentando localizar a mi antiguo conocido Toño para poder fotografíar su bicicleta de entonces, que creo que sigue funcionando perfectamente y presenta un diseño muy peculiar. Fabricaron modelos con el tubo horizontal curvado, descendiendo hacia los tirantes traseros, tal como luego empezaron a abundar, hasta ahora convertirse en una opción bastante común. Todas aquellas revoluciones siempre estaban asesoradas o apoyadas por Pasenti. Curiosamente, en la tienda llegaron a tener un par de cuadros del italiano, fabricados en carbono, que no fueron capaces de vender… Valiente no es devoto del carbono, entre otras cosas afirma que hay cierto engaño, en el sentido de que la creación de buenos moldes resulta tan costosa que los fabricantes han tiranizado a los consumidores obligándoles a acomodarse (a base de reglajes) a dos o tres tallas de cuadro estandarizadas, haciendo casi desaparecer la opción del diseño a medida. Esto es una excelente noticia para el fabricante y su beneficio, pero quizás no tanta para el consumidor.

La actividad de la marca estuvo viva en la década de los ochenta, comenzó con ella ya iniciada y terminó antes del final de la misma (aunque alguna referencia encontrada me sugiere que permaneció hasta 1994 (¿)). En mi reunión con él me comentaba que durante unos 5 años aproximadamente, aunque no puede asegurarme las fechas. Por aquella época Colnago se destacó con grandes novedades en la pintura de sus cuadros. En España muchos se preguntaban cómo conseguía aquellos diseños a base de cuadrículas peculiares. La casualidad quiso que en uno de sus viajes comerciales por la región cercana a Venecia, Valiente y algunos colaboradores, se perdieran en una llanura, y al bajarse del coche en una villa de labranza, para preguntar por dónde continuar, se toparon con un taller de pintura que estaba trabajando para Colnago, utilizando una maya de plástico cuadriculada, de esas empleadas para cierres (inespecífica), como plantilla para pintar. Ocho días más tarde ya estaban ellos trabajando de modo parecido en casa.

Otro de sus méritos más destacados fue una fuerte inversión para confeccionar sus propios racores y cabezas de horquilla, elementos que les sirvieran para poder soldar cuadros con la técnica de microfusión. De aquella decisión surgieron unos racores muy puntiagudos y elegantes. Aquello se llevó a cabo con una prestigiosa empresa metalúrgica cántabra llamada Ecrimesa, que según me aseguraba Valiente, tuvo bajo su responsabilidad la fabricación de algunas piezas concretas de los Colt 45. Ecrimesa sigue viva, y está especializada, entre otras cosas, en la mircrofusión y en la fabricación de piezas metalúrgicas de precisión.

Detalles y elegantes racores.


Uno de sus antiguos empleados, Alberto Revilla, que vivió bien joven aquella aventura empresarial y que actualmente regenta una tienda-taller de bicicletas en la ciudad, me asegura que aquellos años trabajaron muchísimo, tanto en distribución y comercialización de productos ajenos, como en fabricación de bicicletas, por modelos y a la carta, personalizando talla, estética y componentes de acuerdo con el cliente. Aquello pudo haber sido el comienzo de algo grande, sin embargo no fue así, y la firma acabó cerrando, completando un ciclo vital realmente breve. Si bien esto puede suponer un valor añadido para el coleccionista caprichoso o para el afortunado poseedor de algún buen ejemplar del sello VIPCH, sin duda es una gran lástima para los amantes de la industria del ciclismo, que no hemos hecho otra cosa que ver cerrar o desvirtuarse multitud de iniciativas interesantes y con buen saber, por nuestro territorio nacional. No se trata de buscar culpables, Valiente no echa balones fuera pero asegura que no tuvieron suerte, pues una crisis económica hizo mella en sus dos frentes empresariales. Además, en lo que respecta al mercado ciclista, tras la euforia inicial hubo un parón significativo durante unos 3 años, y por si aquello fuera poco, algún fabricante nacional desembarcó con una invasión de bicicletas fabricadas en Taiwan a precios intratables (la deslocalización empezaba a hacer sus estragos). Hay un asunto que no me hace falta que me expliquen quienes lo sufrieron, porque yo mismo lo vi: en pleno boom inicial de la BTT, algunas insaciables (y en mi opinión desleales, entrometidas e intrusas) entidades financieras o de “ahorro”, acogieron encantadas ingentes partidas de bicicletas que distribuyeron entre una amplia población como contrapartida asequible a la contratación de algunos productos o servicios bancarios. Aquello no sólo acabó con nuestro protagonista de hoy, aquello arrasó con el sector, hizo cerrar muchas tiendas de bicicletas y le asestó un duro golpe repentino al mercado de bicicletas, y no recuerdo que entonces se hiciera nada por “rescatar” a aquellos modestos negocios. En lo que nos atañe VIPCH despareció y Navali acabó trasladándose a Burgos, para tiempo después ser vendida a un empresario de Zamora a quien por lo visto actualmente le deben ir bien las cosas en ese otro sector al que se dedicó también nuestro protagonista.

A nivel deportivo VIPCH colaboró con algunas escuadras de competición. Nunca cerró ningún acuerdo con algún equipo profesional, aunque conversaciones al respecto sí que hubo. En el campo aficionado sí que mantuvieron tratos con algunos equipos de Madrid y de Cantabria, aunque quizá resulte más interesante mencionar la creación en Ponferrada de un equipo femenino cuyo director deportivo fue Emilio Villanueva, quien en su día fue corredor del mítico equipo KAS, tras su retirada regentó una tienda de bicicletas en Ponferrada, y años después llegó a ser concejal de deportes del ayuntamiento. Sin lugar a dudas, una de las personas que favorecieron que el pasado mundial de ciclismo se celebrara en dicha localidad. En aquel brillante equipo que compitió tanto por el territorio nacional como por algunas carreteras del extranjero, militaron algunas ilustres ciclistas como la olímpica y mundialista Dori Ruano, buenas corredoras nacionales, otras locales, e incluso Marga Fullana, que posteriormente desarrollaría una importante carrera deportiva en la especialidad de BTT.


Mi conversación con Alberto Valiente fue de lo más interesante, el Tarangu, Berrendero, Capón, Cañardo… toda una sucesión de actores importantes del ciclismo pasado fueron apareciendo en su nutrida colección de anécdotas y datos. Me resultaría demasiado complicado, y estaría fuera del interés de este capítulo, plasmar aquí todo lo que me contó y cada cosa sobre la que hablamos. Considero un privilegio haber podido charlar con él, a gusto, aprendiendo y escuchando historias y relatos que corren el riesgo de perderse sin no pasan, aunque sea verbalmente, de una generación a las siguientes. La obsesión por la inmediatez e incluso por el futuro próximo que sufre actualmente el deporte, está poniendo en peligro muchas de las historias más bellas o curiosas con las que ha trazado su desarrollo a lo largo de los años. Hablar con los protagonistas que lo vivieron de primera mano se convierte en un ejercicio saludable y enriquecedor, del que disfruto cuando se me brinda la ocasión. Preparando el escrito sobre las bicicletas VIPCH, tuve una de esas ocasiones, y no la dejé pasar Y por ello me siento muy agradecido.


Alberto valiente en la actualidad, interesantísimo tertuliano.


La firma de autor en el cuadro.

De todas formas, a pesar de su vida como empresario, periodista, activista del ciclismo deportivo, etc. Aquí lo que más me interesa en este momento es recalcar su faceta como constructor de bicicletas. El hecho VIPCH. Una singular historia de atrevimiento tecnológico en plenos años 80, en una década en la que el sector de la bicicleta experimento quizá los cambios más radicales de su historia con la irrupción de las BTT, los pedales automáticos, los cambios indexados y la utilización de nuevos materiales para la construcción de los cuadros. En ese vórtice temporal, en ese pliegue del destino, surgió, existió y desapareció VIPCH, dando la talla, sin duda, dejando un legado algo parco pero que aún decora con pinceladas sueltas las marchas ciclistas retro o las calles de las ciudades. Tratándose del único caso de fabricación de bicicletas de mi tierra, un caso además con clara vocación deportiva en cuanto a bicicletas de carretera, adquirí un buen ejemplar representativo cuando tuve la ocasión. Igualmente me empeñé en informarme más. Al menos lo suficiente como para poder escribir sobre el fenómeno y enriquecer así, de esa manera, el bagaje cultural, el halo de historia y sentido con el que me gusta “equipar” a mis bicicletas, para poder disfrutarlas como algo más que unas meras máquinas sin emoción. Tuve la suerte de que mi VIPCH me llegara en un excelente estado, apenas tuve que emplearme en ella para ponerla al día. La estrené “oficialmente” en un evento de talla y altísima exigencia: l’Eroica Hispania, en su versión larga de 198 km y 3000 metros de desnivel. En un recorrido agresivo, polvoriento y violento, difícil de soportar para bicis delicadas. La bicicleta se comportó, rindió como se puede esperar de una excelente bicicleta, y ahora que conozco mejor sus antecedentes de “familia”, espero disfrutarla todo el tiempo que haga falta y mantenerla como parte de mi modesta colección personal.

Mi bicicleta Vipch


 Rodando por las pistas de la Rioja durante la 1ª edición de la
Eroica Hispania.

Para rendir "homenaje" a Vipch he escogido un
maillot muy de Cantabria: el del equipo juvenil de
la Peña Ciclista Sprint (de Camargo). Con el Banco
de Santander como esponsor principal. Igual que el defendió
Isidro Nozal de chaval.

10 comentarios:

  1. Enhorabuena por el blog.

    Un saludo.

    David.

    ResponderEliminar
  2. Es de agradecer estos artículos. Gracias

    ResponderEliminar
  3. Muy buen artículo solo te falto decir que la corredora Chely Álvarez tristemente fallecida ganó un campeonato de España con una Vipch.

    ResponderEliminar
  4. Felicidades bonito articulo e interesante y educativo.

    ResponderEliminar
  5. Acabo de adquirir una Vipch de ciclocrós y espero leer detenidamente este artículo cuando encuentre las putas gafas.

    ResponderEliminar
  6. Me he alegrado mucho leer su articulo, pues participé indirectamente, como agente de ventas en la provincia de Murcia, de aquel proyecto. saludos al Sr. Valiente, de Julian

    ResponderEliminar
  7. Yo fui miembro, en los años 80 del Club Cicloturista Vipch-Navali, un buen grupo de amantes de la bicicleta que cada semana quedábamos para recorrer las carreteras de Cantabria, partiendo de la sede de Vipch.

    ResponderEliminar
  8. Cuanto me alegro, fue un momento ciclista-empresarial muy singular en la historia regional. A esta entrada de blog le tengo especial aprecio por la cercanía y porque es de esas en las que para escribirla accedí a la mayor parte de la información encontrándome con personas más que con textos o documentos. Por cierto, si entre tú o tus amigos de aquella época, alguien me consigue un maillot de Vipch os estaría muy agradecido, completaría mi "ajuar" con la bicicleta aunque imagino que será muy difícil ya que, a mi me ha pasado igual con mucha ropa y material deportivo: cuando lo utilizamos en el presente, nunca pensamos que en el futuro pudiera volver a interesarnos. Te dejo el email (josedelmer@gmail.com)

    ResponderEliminar
  9. Tengo un portabidones navali súper curioso, al que no le entra ningún bidón actual...Lo que daría por saber que bidón era..

    ResponderEliminar
  10. No me sorprende, aunque la mayoría de los bidones son estándar en cuanto al diámetro de su sección cilíndrica, ha habido diferentes intentos por singularizarse. No únicamente en ser más altos o no. He conocido diferentes grosores y hasta formas aeródinámicas del tipo de la que sacó Campagnolo. De hecho, alguna vez también he dado con bidones de aspecto convencional pero más estrechos. Espero que acabes encontrando alguno que le valga.

    ResponderEliminar