jueves, 30 de mayo de 2019

DE VEZ EN CUANDO


Tras un largo periodo de inactividad redactora en el blog, me han vuelto a entrar ganas de escribir algo en él. Y como eso fue siempre el motivo del mismo, las ganas, me he decidido a retomar la costumbre de continuar publicando entradas… de vez en cuando. ¿De vez en cuando? Pues sí, cuando coincida que me apetezca y, además, disponga de tiempo para ello. Con esto quiero adelantar que no voy a atenderlo con una frecuencia prestablecida, como hice durante las cinco temporadas de vida que tuvo. Así pues, quizás vayan apareciendo algunas entradas seguidas, en relativamente poco tiempo, o tal vez se den largos periodos en los que no aparezca nada nuevo publicado.

Durante todo el tiempo que el blog ha continuado “de vacaciones”, esto es, sin publicar ninguna entrada nueva e incluso advirtiendo de ello, el ritmo de visitas se ha mantenido bastante vivo. Como parece lógico, hubo un descenso progresivo inicial de visitas mensuales, pero dicha tendencia pronto se detuvo, siendo sustituida por una estabilidad (ligeramente oscilante) que parece haberse convertido en la tónica habitual, e indefinida, mientras el blog vive en estado de “hibernación”. Todo esto me hace pensar en que lo escrito hasta entonces, que fue mucho, permanece accesible en la Red, a modo de archivo de datos, informaciones o vivencias (dependiendo del carácter de cada entrada), a los que acaba llegando diferente tipo de público que busca determinado tipo de información concreta. No lo voy a negar, me gusta la sensación que todo esto me provoca, un sentimiento de haber aportado algo al conocimiento colectivo sobre una serie de temáticas que me apasionan. Algo de lo cual, en numerosos casos recíprocos, también yo he podido disfrutar. De todas maneras, las cifras de visitas o comentarios no forman parte de mis objetivos. No escribo para ganar popularidad virtual, para buscar respuesta afectiva electrónica, ni para tener contento al público. Que haya visitas reconforta porque certifica que el contenido no queda convertido en una especie de diario personal privado, cuya existencia no necesitaría estar publicada en “abierto”. Pero con que haya algún puñado de visitantes (quizás lectores, aunque sobre esto nunca se puede tener certeza), la justificación de su publicación ya cobra sentido. Y de este modo de pensar, nada ha cambiado al regresar.

Entre la gente que seguía el blog, figuraban algunos amigos y conocidos. Otros eran personas anónimas a las que no conozco y a las que, probablemente, nunca llegaré a conocer. Unos u otros, algunos más y otros menos, es posible que se hayan estado preguntando qué he estado haciendo durante todo este tiempo. Y si entre mis actividades se habrán seguido dando algunas experiencias relacionadas con las cosas que contaba en el blog anteriormente. La respuesta es evidente: ¡Sí, desde luego! Soy así, mi vida es así, me gusta la práctica deportiva, es lo que más me divierte y entretiene. Como no me puedo permitir el lujo de vivir de las rentas, ni poseo una riqueza que me mantenga, he seguido trabajando como siempre, lo mismo que involucrado en mi vida familiar, la cual está por encima de lo que son las diversiones y el ocio, y que, afortunadamente, muchas veces resulta compatible con esto último. Pero aún así, he podido seguir con mis viajes, mis aventuras y mi ocio deportivo y cultural. Y prácticamente al mismo ritmo que cuando escribía el blog. Y puedo aportar algunas pruebas de ello.

Treinta años después de haber estado entrenando a un equipo de hockey sobre ruedas, recibí la inesperada llamada de uno de aquellos jugadores a los que entrené. Me llamaba porque varios de ellos, sumados a otros ligeramente más jóvenes, habían vuelto a las pistas, creando un equipo de veteranos. Su propuesta era doble: que me animara a entrenarlos y que probara a calzarme los patines (“quads”) y a jugar, para así incrementar, de paso, el número de jugadores disponibles. A lo primero respondí que no, pero a lo segundo sucumbí, solo para probar… y probé, jugué, adquirí el material necesario y me enganché. Actualmente estoy acabando la segunda temporada en el equipo, y disfrutando, cada día más, de un deporte rápido, técnico, divertido, y a ratos, incluso agresivo y espectacular. La cosa es llevadera porque entrenamos un día a la semana. En pabellón cubierto (específico para patinaje) lo cual es de agradecer, para rellenar deportivamente algunas de esas semanas invernales más crudas. No tenemos la obligación de tener que jugar una liga que nos ocupe los fines de semana. El gusanillo competitivo lo satisfacemos participando eventualmente en torneos de veteranos o concertando alguna visita y partido con algún otro club de otra provincia.


En plena acción disputando un partido de un torneo en Galicia.

Otra “recuperación” deportiva que he llevado a cabo es la equitación. De joven disfruté bastante de ese deporte, saltando, con algo de doma clásica y con paseos. Y aunque me gustaba mucho, las circunstancias de la vida me apartaron de su práctica totalmente hace ya muchos años. Apenas pude volver a practicar un poco, aprovechando cuando iniciamos a mis hijos en su aprendizaje. Pero no fue gran cosa porque mis ocupaciones me impedían atender esta afición. Sin embargo, la vida da muchas vueltas, los niños crecen y se hacen mayores, y ha resultado que uno de los míos se dedica profesionalmente al mundo de los caballos. Y como trabaja cerca de casa, en una agradable yeguada con disposición de excelentes ejemplares de Pura Raza Española, desde hace meses he retomado la equitación, disfrutando como nunca de una excelente instalación, magníficos caballos y un profesor (él) muy competente. Todo ello cerca de casa, y en horario y calendario de mi conveniencia. Una maravilla. No niego que el reencuentro con los equinos me generó bastante aprensión. Hacía mucho tiempo de mis experiencias anteriores y temía no ser capaz de controlar a los animales, o incluso de acabar haciéndome daño. Sin embargo, todo ha ido muy bien, y he ido recuperando el dominio, mejorando aspectos técnicos y progresando a través de varias monturas diferentes.


Montando a Don RG.

Al piragüismo le rebajé bastante la dedicación, al menos la competitiva y de entrenamiento. Sin embargo, a cambio, tanto en plan de excursionismo, como de viaje itinerante de larga duración, he disfrutado de varios planes estupendos. Además, a lo largo de este periodo, he cambiado de kayak de mar. Por pura casualidad, surgió una oportunidad y adquirí un fantástico barco que, además de ligero, marinero, rápido, estable y cómodo, está muy bien equipado y me agrada desde el punto de vista estético. Regatas ya no he participado en casi ninguna, pero cuando se me ha puesto la oportunidad de tomar parte en alguna, digamos especial, no lo he dudado.

 

Fuertes emociones en el Descenso del Cinca, en una edición especialmente bravía. K2 mixto con Aura a proa, y a bordo de un barco que ganó el Descenso del Sella algunas décadas antes. Un Regina mito y retro integrados.

Parada y fonda en Flix.

El esquí ha seguido liderando el protagonismo de mis inviernos. Como a lo largo de casi toda mi vida, se ha mantenido en la actividad prioritaria mientras haya habido nieve en las montañas. La temporada pasada resultó excelente para el esquí de travesía en Cantabria. Descubrí muchos itinerarios por parajes que apenas había frecuentado antes. Muchas veces bajo la sabia tutela de una pareja de veteranos expertos como son Ana Maruri y Chus Aja. Aproveché para renovar equipo con la adquisición de unas magníficas tablas nuevas y el paso al sistema de fijación con el que hace años Dynafit revolucionó el mercado. Pero esta temporada mi esquí ha resultado aún más versátil. Además de la travesía, he vuelto a hacer algo más de esquí de pista, básicamente cuando han surgido apetecibles oportunidades de hacerlo con buenos amigos esquiadores o con parte de la familia. Por si eso fuera poco, fui invitado a iniciarme en la modalidad de telemark. La experiencia resultó divertida, atractiva y mucho más transferible de lo inicialmente esperado, vamos, que acabamos el día descendiendo por todo tipo de pistas sin problemas. Era algo que me apetecía probar desde hacía años y sobre lo que sentía curiosidad, y ha valido la pena. Pero, además de todo ello, por fin me vi involucrado en un plan por el que llevo suspirando bastante tiempo: disfrutar de una jornada de esquí alpino “retro”. Se celebró por iniciativa del Club Alpino Tajahierro, y pude acudir ataviado con la misma ropa con la que esquiaba hacía unos 35 años, y con unos esquís de los ochenta. Un par de slalom gigante de 2,10 metros de longitud. ¿Lo mejor? tres cosas: lo bien que lo pasamos, que la ropa me valía perfectamente y que no me costó nada recordar cómo esquiar con esas tablas.

Excursión de travesía desde cotas muy bajas. San Mamés (Polaciones). Ana, yo, Chus y Andrea.

José, Jesús y Fernando, disfrutando de una magnífica jornada por Palombera.

 
Nuestras huellas de descenso del Cueto cucón.

Posando en la quedada retro del CAT en Alto Campoo.

Encuentros familiares, pasado y presente: Guti en su traje de la EEE de los noventa, Jimena, Mª Isabel (que pasaba por allí) y un servidor con lo puesto ¡en los ochenta!.

Aunque pudiera parecer lo contrario, durante todo este periodo de ausencia de publicaciones en el blog he estado escribiendo mucho. Escribiendo, documentándome y leyendo un montón. Las tres son actividades que me generan mucha felicidad. Una prueba de ello ha sido la publicación del libro “Metiendo Cantos”, un largo y documentado ensayo sobre el esquí, su historia, su cultura, su sociología y unos cuantos aspectos más que lo rodean como fenómeno humano. El libro me ha generado muchas satisfacciones. Para empezar, se está vendiendo bien. Pero es que además, me está aportando muy buen feed-back por parte de diferentes personas cuyo criterio considero valioso. Así que estoy contento con la experiencia y sé que, de alguna forma u otra, se repetirá. Hay algunos grandes temas, y el esquí era uno de ellos, sobre los que necesito mucho más espacio de narración del disponible en un blog (desde una perspectiva razonable). Además, para lecturas amplias, no se vosotros, pero yo soy “de papel”.


Portada del libro "Metiendo Cantos".

En cuanto al ciclismo, tengo que confesar que durante la ausencia “blogera” lo he practicado mucho menos que lo que venía siendo habitual en mí. Y la razón no ha sido otra que el haber experimentado un claro descenso de apetencia. Quizás había vivido tanto ciclismo a lo largo de los últimos cinco años anteriores, que había acabado generando cierta saturación “bicicletera”, caracterizada no sólo por montar mucho en bici, sino también por participar en múltiples eventos, leer demasiado sobre temática ciclista, escribir casi mayoritariamente sobre ciclismo, conversar y relacionarme con forofos de la bicicleta en una proporción claramente desequilibrada, etc. Cualquier seguidor fiel y avispado, pudo ir viendo cómo, año tras año, el blog se iba abriendo camino hacia nuevas temáticas e incorporando modalidades, pero pese a ello, en determinado momento, se me hizo necesario desconectar, repartir mi tiempo con otros placeres de la vida y zambullirme en la escritura de otros proyectos ajenos a la bicicleta. Una vez hecho, ahora mismo creo que acerté en la decisión. La consecuencia práctica es que, probablemente como consecuencia de ello, tal y como digo, he montado mucho menos en bicicleta. Y no lo he echado de menos porque, si no lo hacía, era simplemente porque no me apetecía. Pero una cosa es saturación, y otra muy diferente empacho. Y sé que se trataba de lo primero, y no de lo segundo, porque pedalear sí que he pedaleado: como recurso eventual de movilidad personal, como diversión excursionista, practicando algo de BTT, acudiendo a algún que otro evento muy puntual, entrenando (un poquito) para mantener la forma de modo variado y, cómo no, viajando con alforjas.

Y llegados a este punto, recién estrenada la primavera, sin reflexión previa al respecto, me encuentro con ganas de bicicleta. Nada exagerado o monotemático, pero si las suficientes como para haber empezado a entrenar para poder abordar, con unas mínimas garantías, una serie de planes ciclistas previstos. Planes que me apetecen mucho y que me ilusionan. Alguno de los cuales, incluso, ha conseguido que haya vuelto a un bricolaje de la bicicleta que también tenía completamente abandonado. Gracias a ello he acometido algunos arreglos que tenía pendientes en algunas de las monturas clásicas. Arreglos que permitirán que más de una de ellas vuelva a rodar, tratando de superar algún que otro reto personal.

Y eso es todo. No puedo concretar cuándo será, pero, si sois de los que disfrutabais del blog y lo echabais de menos, procurad estar atentos, porque, a no mucho tardar, habrá nuevos contenidos. Aunque eso sí, aparecerán a capricho... de vez en cuando.

2 comentarios:

  1. el libro... muy bueno enhorabuena!! y mas por tu incansable actividad.
    Tienes una gran suerte por vivir en Cantabria teniendo a mano el entorno y los medios necesarios para practicar todo lo que te gusta.
    Los que no llegamos a todo eso nos conformamos con la carretera y el pedal. Ya nos veremos en algun evento singular. Seguro

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  2. Gracias por tus halagos respecto al libro, la verdad es que me está aportando excelente feed-back de muchas personas y me siento sanamente orgulloso del trabajo realizado con él.
    Lo de la variedad deportiva en Cantabria es cierto, pero me consta que ocurre algo parecido en otras partes de España. En parte tembién depende de la actitud de cada uno y, en mi caso, de la historia deportiva personal anterior. De todas formas, no lo expongo cómo modelo a seguir, lo mismo que yo "necesito" variedad, hay muchas personas (quizá incluso mayoría) que tienen a centrarse a tope en una única disciplina, y con ello se sienten fenomenal. El ciclismo, precisamente, es un buen ejemplo de ello. Así pues, sigue disfrutando a tope de la carretera y el pedal, que es maravilloso.
    Un abrazo.

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