martes, 29 de agosto de 2023

VERANO CICLISTA 2023

VERANO (CICLISTA) 2023

Un verano más. Estación que siempre se presta a mucha actividad ciclista de toda índole. Competitiva, viajera, ociosa, etc. No es que yo haya hecho mucho caso a mis bicicletas precisamente, más bien al contrario, poquito. Sin embargo, nunca me separo del todo de ellas, ni del mundo de la bicicleta en general. Muestra de ello, aquí van algunas de mis reflexiones y anécdotas al respecto. No lo es todo, pero sí las que considero de mayor potencial interés para los lectores.

La nueva generación ciclista.

Llevo tiempo diciendo que nos encontramos ante una nueva generación de ciclistas de ruta. Su rendimiento, comportamiento, polivalencia, actitud y espectáculo así lo sugieren. La mejor, desde mi particular punto de vista, de la que he podido disfrutar desde tiempos lejanos, allá por los setenta y, quizás, gran parte de los ochenta. Puede que esté equivocado, pero me gusta pensar que a muchas de las actuales estrellas no les vale únicamente con el resultado, también les atrae la épica, las formas. Tal vez hayan mamado el ciclismo de sus abuelos, saltándose una generación intermedia enferma de especulación resultadista y conservadora, pero el caso es que, ahora, dan la cara, se la juegan y parecen saltarse bastante a la torera las directrices de los perversos pinganillos.

Son varios los nombres propios que, desde mi punto de vista, podrían quedar incluidos en esta nueva generación de grandes ciclistas. Pero no hablaré de todos ellos, sino únicamente de un puñado de campeones muy icónicos. Y empezaré por el que parece ser el preferido de los comentaristas televisivos españoles y de gran parte de mi entorno cercano: Tadej Pogacar. El chaval es simpático, limpio compitiendo, ambicioso y valiente, lo tiene casi todo para ser el rey actual. ¿Casi todo? Sí, casi todo, por eso algunas veces gana, y otras no. A mí me cae genial y me gusta que gane… algunas veces, y otras no. Me explico, ofrece un magnífico espectáculo desde varios puntos de vista, pero desde otros, o en otras situaciones, el espectáculo lo dan otros, y como yo no siento apego unívoco, pasional e irracional a líderes, colores, ideologías, partidos políticos, clubes de fútbol, colectivos, etc. Pues entiendo que se merece ganar en algunas ocasiones, y en otras no. Aparte del carisma que desprende este magnífico corredor, otra cuestión juega a su favor: que sus cualidades (me refiero principalmente a las fisiológicas) le permiten rendir al máximo nivel en las grandes vueltas y en algunas de las principales grandes clásicas, algo que hace mucho tiempo que no era frecuente. Eso enardece a un público cada vez más (afortunadamente) abierto a más de una concepción ciclista que, espoleado por un ejército de periodistas siempre exagerados, creen que estamos ante la rencarnación (tan anhelada), de Eddy Merckx. Lo siento, pero me temo que no es el caso, algo que trataré de explicar (sin grandes profundidades, aquí). Pogadcar es un corredor de grandes vueltas, muy polivalente que, además de ir bien en montaña (capacidad y potencia aeróbicas relativas al peso), rinde fenomenalmente en CRI (Umbral Anaeróbico) y que tiene (y esto es clave para la galería y para poder optar a ganar algunas de las grandes clásicas especialmente duras) un buen demarraje sostenido (capacidad anaeróbica). Por eso, además de su rendimiento en grandes vueltas, lanza ataques en los últimos tramos de finales en alto, y por eso igualmente, puede llegar con opciones a finales de clásicas en las que llegan pocos y totalmente exhaustos. ¿Qué le falta entonces para ganarlo todo (ser Merckx)? Tres cosas: ser el mejor en los puertos y CRI (el esloveno al menos tiene un outsider); disponer del mejor equipo (Merckx tenía al Molteni) y ser el mejor el esprínter puro (potencia anaeróbica) que no lo es ni en broma. Así pues, tiene el mayor número de papeletas para ser el favorito de la gente (las mayorías adoran a los ganadores), y parte de esa mayoría se cree que podría (y debería) ganar siempre, y cuando no lo hace, buscan explicaciones erradas. Pese a todo ello, este ciclista es buenísimo, muy simpático y agradable de carácter, muestra deportividad y compite como un amante del ciclismo, y no como un especulador ruin. Así pues, me encanta Pogadcar… y algunos otros. Además, por lo visto, porque el que no lo pudo ver fui yo, rompió con la antigua tradición (ya era hora) por la que no se podía o debía atacar en la última etapa del Tour.

El Tour 2023.

Como ratificando lo anterior, en 2020 el Tour tuvo un final emocionantísimo con aquella cronoescalada en la que, inesperadamente, el joven esloveno desbancó a su compatriota Primoz Roglic, ganándole la general al final de la carrera. Ambos, bajo mi punto de vista, ya miembros de la mencionada nueva generación. En el 2021 Podgacar volvió a vencer con evidente solvencia y dominio, pero… en 2022 le salió el hueso de Jonas Vingegaard, quien acabó haciéndose con el triunfo porque también es muy bueno (en montaña y CRI; capacidad y potencia aeróbicas relativas al peso, y Umbral Anaeróbico). Mis argumentos anteriores se han vuelto a ver ratificados nuevamente este verano: Vingegaard ha vuelto a ganar. Los fans del esloveno aducen su caída y corta temporada, etc. En TVE un comentarista se empeña es comparar a ambos corredores asignando trabajo, esfuerzo y constancia al danés, e inspiración y clase al esloveno. No voy a entrar en lo de la clase porque es un vocablo indefinible que forma parte del argot ciclista desde hace muchas décadas y que, la mayoría de las veces, no es más que un mero sinónimo de estilo de ciclista de excepcionales capacidades de rendimiento. Pero ¿qué es eso de la inspiración? ¿que hace ataques repentinos y violentos cerca del final de puerto? Eso no es inspiración. La inspiración puede ser artística e incluso, en lo deportivo, táctica, técnica o estratégica, cuando implica cierta creatividad. No es el caso. No niego que esos ataques aportan espectáculo, pero su fundamento es puramente fisiológico, basado en la superior capacidad anaeróbica que Pogadcar disfruta con respecto a Vingegaard. El segundo, por el contrario, ha demostrado poseer mayor potencial en lo aeróbico y en el Umbral Anaeróbico y por eso ha ganado en las CRI y tiene interés en que las etapas de alta montaña se disputen a un ritmo muy alto (el suyo) para asfixiar a todos lo demás y evitar, o minimizar, las opciones de arrebato postrero del esloveno. Y así ha sido, Pogadcar sacaba ventajas pequeñas mediante ataques violentos terminales y algunas bonificaciones, mientras que Vingegaard planteaba alta velocidad constante en ascensos y CRI. Cada cual jugaba sus cartas fisiológicas o de rendimiento y, por eso, los ataques, a medida que el tour iba avanzando, acabaron siendo inútiles, y la cosa acabó como acabó.

En todo caso, como la evidencia no se manifestó en forma de diferencias en la general hasta la CRI, gracias a ambos corredores, hemos podido disfrutar de uno de los mejores Tour que recuerdo en las últimas décadas, así que, por mi parte ¡muchas gracias a estos dos valientes exponentes de la nueva generación!

En todo caso, tal y como sucedía con Merckx, tampoco Vingegaard hubiera podido ganar ningún Tour sin su equipazo. Aunque sea discutible y difícil de evaluar objetivamente, opino que el Jumbo es, de largo, el equipo más potente del Tour actual y, por eso, puede desarrollar los planteamientos de etapas montañosas que el danés necesita. Un día, en plena retransmisión, un aficionado preguntaba por qué el Jumbo parecía estar trabajando para los otros. No era así, estaba trabajando para su líder, estaba endureciendo la carrera todo lo posible, conocedor de la superioridad del danés en el largo esfuerzo y favoreciendo la imposibilidad de que pudieran surgir ataques (anaeróbicos) posteriores ¡Y lo logaron, porque todo el mundo llegó al final exhausto!

Dentro de ese equipo hay un chaval que sí que es uno de mis ciclistas favoritos y que me sigue demostrando su excepcionalidad cada día. Para mí, pasando de rankings, palmarés, grandes vueltas y demás, actualmente, incluso podría sentir que es el mejor ciclista del mundo (aunque eso es algo que ahora mismo no puede serle adjudicado a ninguno). Me refiero a Wout Van Aert. En el 2021 (aquel que casi ganó Roglic pero no lo hizo) el belga, además de trabajar para su líder, venció en las tres etapas más dispares del Tour: la etapa reina con doble ascensión al Mont Ventoux (sé de lo que se trata…) con una cabalgada en solitario bestial, la última CRI y el sprint final en París. Más completo imposible. Ahora ya no gana etapas en el Tour y es probable que en parte sea porque en el equipo son conscientes de que para que Vingegaard venza a Pogadcar, hace falta aplicar todos los recursos en esa táctica explicada. Y Van Aert los aplica más que nadie en este mundo. Es, probablemente, el que durante más minutos y a mayor velocidad media pone al pelotón en fila. Lo hace en llano, subiendo y bajando. Lo da todo y revienta al profesionalismo allí presente. Sin él, hoy en día, puede que nadie pudiera ganar el Tour de Francia. Lo que de por sí muestra un encomiable alarde de generosidad, además es todo un espectáculo.

Dentro del juego exhibido este verano por el UAE y el Jumbo, hubo una etapa en la que los primeros parecieron querer simular que estaban más fuertes que los segundos en los puertos. La cosa estaba entonces aún abierta y, puede que fuera una segunda etapa de montaña consecutiva (no lo recuerdo bien y no me apetece buscarlo para concretar). El caso es que Van Aert, después de un largo e ímprobo esfuerzo llevando al grupo en descensos, llanos y algunos tramos de ascensión, se dejó caer cediendo la labor a otro compañero de escuadra. Supongo que Kuss, quien, a aquellas alturas de etapa, debía ser el único superviviente para acompañar a su líder. Fue entonces cuando el UAE, a través de Rafal Majka, pretendió tirarse un farol para hacer dudar al jumbo en su estrategia. Y es que el polaco se puso a encabezar el grupo como para demostrar que ellos estaban más fuertes. ¡Agua de borrajas! El ritmo bajó tanto que el propio Van Aert volvió a salir a escena y a imponer otro rato de infierno. Un auténtico puñetazo en la mesa.

Probablemente haya gente a quien no le guste recibir la información fisiológica que explique todo lo dicho sobre el pasado tour. Da igual, lo olvidarán pronto y seguirán disfrutando de adjudicar el resultado a cuestiones intangibles (casi religiosas) como la mencionada inspiración, la clase, etc. Sin querer saber nada de las científicas. Es curioso, porque algunos de ellos son los que después más hablan de watios… y los watios, hay que recordarlo, es la medida de potencia en la que se expresa el rendimiento generado por los diferentes tipos de metabolismos a los que me he referido.

Campeonato del Mundo de ruta.

El mundial de ruta de este año puede haber sido uno de los más emocionantes, espectaculares y de mayor nivel de la historia. Ha sido salvaje, brutal y tremendamente entretenido. Tras constantes intentonas de aventura sobre un duro y escabroso circuito, el grupo se fue reduciendo por pura selección natural. Algunas decenas de kilómetros antes de meta, allá iba un italiano escapado. Aunque en la televisión le daban alguna posibilidad, yo no lo veía así, teniendo en cuenta el grupo de purasangres que galopaban a su caza: Pogadcar, Pedersen, Van Aert y Mathieu Van Der Poel. Efectivamente, la diferencia se fue reduciendo y empezaron las apuestas y los favoritismos, mientras los perseguidores hacían algunas intentonas, especialmente en los repechos más duros. Curiosamente, entre los comentaristas de la televisión, ninguno optaba por Van der Poel, que era por quien más me inclinaba yo, reconociendo, en cualquier caso, que el desenlace podía decantarse por cualquiera de los cuatro. De lo que sí estaba convencido era de dos cosas: primera, que en el momento en que dieran caza a Alberto Bettiol este quedaría inmediatamente descolgado; segunda, que alguno de los otros cuatro iba aprovechar ese momento para dar un hachazo brutal que intentase ser definitivo (dos candidatos preferentes: Van der Poel y Van Aert). Lo hizo el holandés, y lo ejecutó a su estilo, salvaje y sin reservas, de modo que se fue, sostuvo como pudo el esfuerzo y fue sacando renta. No es que detrás viéramos después una reserva especulativa (no era ya momento), es que todo el mundo iba ya muy tocado y el derroche de energía del holandés parecía del otro mundo. Para colmo se cayó y… lejos de perder el tiempo con lamentos y cabreos, tan comunes en muchos deportistas, fue práctico y se puso a minimizar costes y tratar de mantener cierta ventaja. Y lo logró, ganado a lo campeón: tras una prueba durísima, preciosa por lo combativa, ante los rivales más prestigiosos, con autoridad, dando espectáculo y ensangrentado. Épica de las de antes.

Un fan de Pogadcar me comentaba días después que había gente que decía que la prueba había sido demasiado larga y dura, y que eso pudiera haber perjudicado ligeramente al esloveno. Discrepo. Si la prueba no hubiera sido tan dura (o hubiera habido pinganillos) el final hubiera implicado a más protagonistas y, cuántos más y mejores velocistas, menores opciones para todos (y, especialmente, para Pogadcar). El mundial fue un Flandes, una París-Roubaix o algo similar, algo que se corre y se gana por selección natural, lo cual exige dureza y ausencia de trabajo en equipo. Poco que ver con, por ejemplo una  Milán-San Remo. En cualquier caso, ovación de gala para esos cuatro monstruos del pedal.

A Van der Poel se le chafó un potencial triplete histórico como consecuencia de una caída previa a la prueba de BTT (lo que no quiere decir que lo hubiera logrado, aunque visto el vencedor, puede que sí). Y es que ganó Thomas Pidcock, quien, con todos mis respetos y admiración es el tercer hombre en el ciclo-cross y en la combinación de ciclo-cross, BTT y ruta. Parece ser que hay corredores de BTT que se quejan de que a corredores de altísimo nivel de ruta se les conserven algunas preferencias de puestos de salida a pesar de no estar dentro del ranking mundial. Tal proceder tiene dos lecturas: una normativa y corporativa, y otra de realidad (o espíritu) de lo que se dilucida ahí. La primera es razonable desde un punto de vista de reglamentaciones o justicia normativa, aunque probablemente la queja provenga del miedo a ser vencidos y del hecho de saberse inferiores. En el deporte en general cada vez encontramos más casos (en todos los niveles y disciplinas) en los que competidores pretenden obtener más logros poniendo trabas de participación a quienes pueden ser mejores, buscando modalidades, competiciones o categorías en las que no haya el suficiente nivel, etc. En ello se basa el éxito de los grupos de edad, de los deportes novedosos emergentes y, por ejemplo, de las cicloturistas competitivas (en las que no están presentes los corredores profesionales). La segunda busca que el espíritu del certamen sea fiel a lo que declara: identificar al mejor del mundo en eso, sea este practicante asiduo o no. En todo caso, a los bikers el resultado se les torció porque gano otro rutero.

Donde no había fallado previamente Mathieu había sido en el ciclo-cross. Ganó a su eterno enemigo Van Aert, los dos reyes indiscutibles de la disciplina. Dos máquinas que no dejan de dar brillo a esta nueva generación de fascinantes ciclistas. Su polivalencia está cargando directamente, en pleno siglo XXI, contra la especificidad y especialización que asoló décadas recientes. Y yo, qué quieren que les diga, me alegro mucho.

Obituarios.

En pleno verano han fallecido dos grandes del ciclismo español. La que mayor eco ha generado ha sido la muerte de Federico Martín Bahamontes, un héroe deportivo de la posguerra, y el primer español en ganar el Tour, además de estar considerado como su principal Rey de la Montaña. Aparte de un grandísimo y espectacular ciclista, Bahamontes ha sido un corredor muy longevo, algo que no han podido disfrutar bastantes grandes campeones de la historia de este deporte. Lo que no han dejado caer en las noticias relacionadas con su fallecimiento es que también era una persona con ocasional mal genio y generador de bastantes enemistades en su época ciclista. No es que quiera hacer leña del árbol caído, simplemente lo comento (sin detalles) porque lo sé, y porque he escuchado varias historias de corredores, directores de equipo, periodistas y organizadores que convivieron con él. Un ejemplo reciente es la afirmación de que se hace eco Marcos Pereda en una entrevista, en la que el entrevistado comenta que el mismísimo Anquetil le dijo que le había comprado uno de sus cinco Tour a Bahamones (Jot Down Sport, 22 agosto de 2023). ¿Pretendo dejarlo caer como un punto negativo en su cuenta vital? Nada de eso, lo que me gustaría es aprovechar la noticia para insertar una brevísima contextualización histórica: el ciclismo español de aquella época era un ciclismo de supervivencia en el que a los corredores que salían alguna vez a competir al extranjero se les abría una oportunidad de apañar algo de dinero mediante premios, pactos, trapicheo de material, etc. Y esa es la historia de parte de nuestro ciclismo y en ella estuvo, igual que los demás, también Bahamontes. Y no es una historia que haya que olvidar, sino conocer, bien contextualizada, para comprender mejor este deporte, su evolución, sus sacrificios y su subcultura.

Pocos días después que la del Águila de Toledo, nos llegó la noticia del fallecimiento de Guillermo Timoner. Acorde con el valor que la prensa da a cada una de sus respectivas carreras deportivas, el eco de esta segunda fue muchísimo menor. Las explicaciones de ello ya las anticipaba en una entrada anterior, de la que ahora, con motivo de su pérdida, extraigo un fragmento.

«El mallorquín fue una estrella singular que consiguió ser seis veces campeón del mundo de medio fondo tras-moto en pista entre los años 1955 y 1965. Hijo de campesinos mallorquines, sintió desde chaval una gran pasión por la bicicleta y ganó un pollo como premio de su primera carrera, disputada sin licencia. Para comprar su primera bicicleta su padre tuvo que vender una cerda y cuando ganó su primer Campeonato del Mundo, en Milán en 1955, tuvo que correr con todos sus gastos para poder participar. Pese a que se decantó por la pista por preferencia propia, algo corrió en carretera, y su calidad quedó demostrada en varias ocasiones. Prueba de ello fue el Critérium de los Ases de 1957, en Zaragoza, en el cual venció a Bahamontes, Suárez, San Emeterio, Charly Gaul y otros». (En este mismo blog, entrada “entrenadores”).

Timoner ha sido también un ciclista muy longevo, me alegro mucho por él. Si algún lector quiere conocer algo más sobre su carrera deportiva y el asunto del ciclismo tras moto no tiene más que buscar la citada entrada en el índice del blog y dejarse llevar por la lectura, descubriendo el origen histórico del ciclismo tras moto, los equipos profesionales en los que militó Timoner y descubriendo aquel espectáculo de carrera que debió de ser la Burdeos-París.

El Camaleón.

Así es como, por lo visto, apodan a Carlos en los círculos del ciclismo retro nacional. A Carlos lo conocí en la que creo que era mi tercera temporada retrociclista. Llegó pues más tarde que yo, pero lo cogió con tantas ganas que permanece en el ajo, combinando la asistencia a eventos oficiales, con una incontable acumulación de quedadas entre amigos. Ese mundillo retro lo tengo prácticamente abandonado. Aunque sigo montando con algunas de mis bicicletas antiguas, hace años que dejé de acudir a eventos e, incluso, de organizar o participar en quedadas, pero en su día, como les suele ocurrir a casi todos los que se acercan a esta afición, acumulé algunas bicicletas y maillots. También Carlos acumuló varias bicis (ignoro si habrá seguido por ese camino), pero por lo que se ha ganado el apodo ha sido por lo de los maillots. Resulta que entre originales que se le ponen a tiro, tuneados por él o réplicas encargadas, Carlos ha acabado atesorando un armario casi infinito con el que se viste, de modo diferente, en cada salida que emprende. Los tiene para todos los gustos, recreando en la mayoría de ellos a algún corredor de la extensa historia del ciclismo. Y como una (mejor dicho muchas) imagen vale más que mil palabras, os dejo aquí un video con algunas muestras de su colección.


Una Alan que es una joya.

Y es que el ciclismo de ruta ha demostrado, a lo largo de toda su historia, tener una enorme capacidad de incidir sobre las aficiones, sentimientos y emociones de su público. Más allá de animar a la gente a practicar el deporte en sí, ha generado el disfrazarse de equipos favoritos, el coleccionismo (carteles, poncheras, maillots, gorras, bicicletas, libros, etc.), la escritura, el arte, el cine, etc. Diferentes personas han sentido el impulso de ir más allá en su amor hacia este deporte y han encontrado algún modo de homenajearlo para, quizás, sentirse aún más vinculadas a él. Ese bien ha podido ser el caso de José Luis Quijano. Aquel hombre vivió con una gran afición al ciclismo, como espectador y practicante. Era electricista de mantenimiento industrial, y, conocida su historia profesional y el resultado de su pasión, no me cabe la menor duda de que debía de ser excepcionalmente competente en su trabajo. Se inició de chaval trabajando en las Trefilerías Quijano de Los Corrales de Buelna. Estoy seguro de que debió coincidir con mi padre, ya que ambos trabajaron para la misma fábrica en la misma época. Lo que pasa es que, lamentablemente, ya no están ninguno de los dos con nosotros para poderlo corroborar. Lo del apellido de nuestro hombre (Quijano) no debe llegar a engaño porque, aunque coincide con el de la familia propietaria de aquella empresa, la realidad es que no tenía nada que ver. Su hija me contó que este hombre dejó Los Corrales para irse a Valladolid gracias a una oferta que le hicieron un par de personas que dejaron la fábrica para fundar su propia empresa. La casualidad ha querido que a uno lo conociera por ser mi padrino. Tengo claro que a todos aquellos a los que tocaron para irse a Valladolid fue porque los conocían bien en su desempeño, por lo que seguro que eran muy buenos.

Dejando de lado la historia personal y profesional de José Luís, voy a centrarme en uno de los resultados de su pasión. Se trata de una maqueta a escala 1:5 de una bicicleta de carretera Alan. Dicho así, parece poca cosa, pero puedo garantizar que es todo lo contrario. El hombre realizó, con sus propias manos y a escala, todas y cada una de las piezas que fue necesitando para montar una bicicleta idéntica a la real, pero en pequeño. Una bicicleta que funciona. Cambia, frena, rueda, etc. No contine ni una sola pieza comprada o fabricada por empresa alguna, todo fue obra de Quijano. Su hija se lamenta porque como pudo disfrutar de la bici recién acabada, ahora le parece deslucida y con algunos achaques. Para mí es una joya. Cuando más la he escudriñado, más pasmado me he quedado. Desviadores de cambio, pedales, frenos, todo ello son minúsculas obras de artesanía de la máxima calidad. Fundas de los cables de los frenos, coronas, cubiertas… ¡tornillos de los radios! Un auténtico trabajo de chinos, pero de los de antes, no de los replicadores industriales actuales. No estamos ante un juguete o una maqueta comercial, es mucho más ¡una auténtica bicicleta a escala! No tiene nada que ver en calidad y acabado con cualquier otro intento que haya visto antes.

No me quiero enrollar más con ello, hay que pasar a las fotos. Aunque antes, he de agradecer a Raquel que me hablara de la bici y de su padre, y que me dejara ver la maqueta, con la que pasé un rato fantástico admirándola y examinándola al detalle. ¡Una advertencia previa a las imágenes! La bici es de tal calidad que cuesta imaginar su tamaño real porque parece una Alan de tamaño normal, por eso en algunas he incorporado mis dedos.

NÚMERO DE PIEZAS QUE COMPONEN LA BICICLETA

Rueda trasera

66

Rueda delantera

60

Cuadro

34

Freno delantero

30

Freno trasero

30

Manillar y potencia

6

Sillín

11

Bielas y pedales

31

Cadena

444

Cambio piñón

24

Cambio plato

18

Piñón

8


 



La bicicleta está acompañada por un dossier de despiece.

Despiece del desviador trasero.

Despiece y cálculos de las coronas del piñón.

El verano se acaba y empieza la Vuelta a España. Lo ha hecho con la policía deteniendo a unos cafres que querían boicotearla a su paso por Cataluña. Gentuza de esa empeñada en privar a sus conciudadanos de un espectáculo que adoran. Ya lo hicieron otros zoquetes en el País Vasco al comienzo del Tour, y acabaron perjudicando a un vasco. Por otro lado, me cuentan que el comienzo de la Vuelta ha sido un desastre organizativo sin paliativos. No lo vi, y he decidido publicar esta entrada sin que haya acabado el verano y sin la Vuelta porque, por motivos personales, casi no la voy a poder hacer caso.

 

martes, 20 de junio de 2023

PEDALADAS PRIMAVERALES

Dice el telediario que la temperatura media de superficie del Cantábrico esta primavera es cuatro grados más elevada que la media de las medias desde que se tienen registros. Personalmente, los datos meteorológicos en general me los tomo con mucha prudencia. La razón principal es que las series históricas disponibles son, desde el punto de vista de los vaivenes climáticos, raquíticas. Micromuestras temporales de un devenir histórico de larguísimo recorrido. Y más si tenemos en cuenta los niveles de detalle y precisión de las primeras décadas en las que se empezaron a guardar registros. ¿Me hace esto negacionista? ¡No! Pero sí escéptico con respecto a determinados temas y afirmaciones de tendencia. Otro asunto es que te podrías estar bañando en Hondarribia, en Torimbia o en Corrubedo el mismo día a la misma hora y sentir una temperatura del agua completamente diferente de unas playas a otras. Es lo que tienen las medias, que no suelen cuadrar, salvo por casualidad, con la experiencia personal individual. Sin embargo, puedo prometer que esta primavera me estoy bañando prácticamente a diario desde mediados de mayo, porque el agua está, efectivamente, en la playa que más cerca tengo de casa, excepcionalmente buena. Aunque unos días más fría que otros. El baño de primerísima hora matinal es obligado salvo que llueva. Lo es, porque es cuando llevo al perro, a quién le encanta bañarse y jugar con las olas. A ese baño voy andando. El de última hora de la tarde, sobre todo ahora que los días son muy largos, ya es sin perro y tiene que hacer sol para que se cumpla. En ese caso voy en bicicleta. Por eso lo cuento aquí. Me pongo una bolsa bandolera y me acerco a la playa en bañador. Me meto en el agua y luego me tumbo a leer mientras me seco. Y una de las cosas que más me gusta de esa breve escapada es que la hago con una vieja BTT que hace años reconvertí en bicicleta de viaje para alforjas (manillar de corredor incluido). Una bicicleta que me encanta para hacer recados, ir por la ciudad, etc. Y, sobre todo, ¡que pedaleo en chancletas! Y me encanta esa sensación de libertad, sencillez y despreocupación. Un placer que ya hace algunas semanas que ha empezado.

Utilizo material deportivo de tal diversidad de modalidades que hay dos cosas que me resulta imposible mantener al día. Una es la modernidad-actualidad tecnológica del material, y la otra es su limpieza. El asunto del mantenimiento (engrase, ajuste, recambio, etc.) sí que lo cuido. Sin empacho, pero con sana responsabilidad, pero lo de la limpieza no. La semana pasada me lo han echado en cara dos veces, bromeando, pero directamente. Un amigo con la moto. Él cambia de moto con el triple de frecuencia que yo, pese a que yo viajo con la mía mucho más. Eso sí, la suya actual, que tiene apenas unos meses, está reluciente, mientras que la mía, que ya tiene más de década y media, conserva en su pantalla frontal algunos de los insectos que aplasté con ella yendo y viniendo de Cádiz hace ahora un año. Otro amigo con la bicicleta de montaña. Hinché las ruedas, engrasé la cadena y salí al encuentro de un grupo para una excursión. Y al llegar me dijo algo sobre lo sucia que estaba y le contesté que sí, que, de hecho, el barro ajeno a los lugares funcionales provenía de otra excursión con el mismo grupo unos pocos meses antes, lo cual indica dos cosas: mi dejadez limpiadora y lo poco que práctico BTT de unos años a esta parte. Eso sí, mi bicicleta era, junto con otra idéntica de otro amigo, de la misma edad y parecido nivel de suciedad, la más vieja de la excursión. Las dos únicas con triple plato. Y ninguna de las dos dio ningún problema, ni se quedaban atrás subiendo, bajando o en los tramos trialeros. Aquella fue una excursión costera muy entretenida y con unos paisajes que podemos considerar sublimes. ¿Porque no engraso los ejes (¡que sí las engraso!) me llaman abandonado?

Durante la mencionada excursión. (Imagen: Diego).

Cuando uno se junta con un grupo mediano o grande a pedalear, algo que yo hago en contadísimas ocasiones, el tema del material siempre aparece como mantra recurrente. Un monotema en el que he de confesar que he tomado parte muchas veces, años atrás, pero que, desde hace algunos, considero que ya tengo más que superado y que, incluso, me aburre soberanamente. Recientemente me volví a topar con un grupo de esos, en versión BTT, y aparecieron algunos actualizados monoplatistas que ya renegaban de ello. Pero aquella vez estuvieron algo más ocupados con el asunto de los pedales. Uno que no se siente cómodo con automáticos le preguntó a otro por unos anchos con clavijas de gran adherencia. Otro intervino diciendo que esos los había utilizado con buen resultado pero que cogían holgura enseguida. Otro más intervino diciendo que iba a adquirir unos de rodamientos cerámicos porque le habían dicho que eran para toda la vida (algo que me chocó mucho porque en patinaje de velocidad los de cerámica, que por lo visto son los más rápidos, tienen fama de delicados), pero que, eso sí, requerían bastante mantenimiento especializado. En fin, escuchando todo eso y siempre discretamente y algo retranqueado, me puse a mirar qué pedales llevaba yo y me di cuenta de que eran unos Shimano XT automáticos (el primer modelo que comercializó el fabricante) que me han acompañado en mis sucesivas bicicletas de BTT desde que me los compré (supongo que por el 89 o 90) hasta ahora… ¿Me habré convertido en un Diógenes de la bicicleta? El caso es que creo que sé distinguir con claridad cuándo un pedal falla a nivel de rodamientos, así que no voy a cambiar de actitud respecto a estos detalles. No tengo complejos en lo relativo al material.

Uno de los pedales. Gastado ¿verdad?. (Imagen: propia).

Otro tema sobre el que también hablaron no tenía que ver con el material (bueno sí, un poquitín), sino con los perros. Vaya por delante de que me declaro bastante interesado en los animales (fauna silvestre, ganado, caballos y perros) pero no me gustan las mascotas. De hecho, he convivido y mantenido hasta ahora a cinco perros, pero a ninguna mascota. Y es que una cosa es un perro y otra bien diferente una mascota canina. Diferencia establecida por sus respectivos dueños y que, en el segundo caso, generalmente para desgracia del animal, su dueño, convivientes y vecindario, la atribución se basa, preferentemente, en un mayor o menor empeño en humanizar al animal. Los galgos de sofá de piso, perros vestidos, homenajeados en celebraciones, consumidores de chupetes y cochecitos de bebé, son ejemplos cada vez más frecuentes de este proceso. Pero me estoy yendo por las ramas. A algunos ciclistas lo que les preocupaban eran los mastines que, sueltos en el monte, andan cuidando rebaños. Así que para ello empezaron a hablar de sus complementos para evitar sus potenciales ataques. Una optaba por un silbato especial porque el emisor de frecuencias no le parecía eficaz, otro se decantaba por un espray, etc. Menos mal que alguien les sugirió que el agua de la ponchera era lo más práctico, rápido y probablemente eficaz (doy fe de ello). En todo caso, otra mujer comentó que una vez le había mordido un perro en un glúteo (ella dijo nalga, pero no quiero meterme en líos). Nada grave, pero que lo denunció porque en el pueblo más cercano había niños. Yo lo que me preguntaba es si el perro pastor en cuestión habría mordido alguna vez a algún niño del pueblo, y por dónde y con qué actitud habría pasado la ciclista en las inmediaciones del rebaño. Lo que tengo claro es que creo que se refería a una comarca lobera, de esas en las que todas las CCAA españolas que no han sido capaces de mantener a sus lobos vivos, deciden cómo deben hacerlo las únicas que los conservan. Y claro, es un asunto que también hace preguntarme si habría que prohibir la presencia de perros pastores sueltos cuidado rebaños de pasto privado o comunal para que, de Pascuas a Ramos, a cualquier biker que le apetezca, provenga de donde provenga, pueda pasar por allí sin que le molesten unos perros. ¿Me estaré volviendo un poco medieval?

Un ejemplo: corbata y pajarita para perros. Lo que no sé es si los invitan a las bodas o ya hay bodas caninas. (Imagen: propia).

Otro día, nada que ver, me estuvo enviando mensajes una persona que, muy de cuando en cuando, me pide opinión sobre bicicletas retro. Se ha dedicado a la compraventa de ellas e incluso al coleccionismo personal y, por lo poco que me ha ido enseñando, con el tiempo ha ido adquiriendo mucho criterio, gusto y capacidad de encontrar buenas piezas. Ahora se trataba de una bicicleta flamante que había pertenecido a un corredor profesional español de bastante renombre. Se la ponderé mucho, pero, una vez más, cuando me preguntó sobre un posible precio de venta le dije que no sabía decirle porque ni estoy al día en cuestión de precios ni es un asunto que me interesé conocer. La cuestión es que él sí que tenía una cifra en mente y me la comentó. Yo no sé si está cerca o lejos del valor de mercado. Lo que me pareció, desde mi personalísimo punto de vista, es un disparate. Ignoraba que hubiese gente dispuesta a pagar tales cantidades por un objeto fetiche deportivo. No sé cómo estará el asunto en otras modalidades (una raqueta de Nadal, un casco de Fernando Alonso, etc.), pero es que aquí no se trataba ni de un Nadal o un Alonso del ciclismo, en fin ¿Pecaré de antipatriota por no verme seducido por la objetología heroica del deporte español?

Mucho más atractivo me resultaba un cuadro de un artesano de pretérito prestigio. Me pareció original y bonito, pese a algunas muestras de óxido en la pintura, y hace tiempo que me hubiera hecho cierta ilusión poder montarme una bicicleta con un cuadro suyo. Sin embargo, tampoco se lo supe tasar y mucho me temo que cualquier tasación estaría alejada de lo que yo estaría dispuesto a pagar, así que, sin llegar a hablar de dinero, le felicité por el objeto y le sugerí que probara a encontrar un potencial comprador generoso ¿Habré quizás rebasado un umbral de mínimo sano consumismo occidental?

Rodando solo por una carretera secundaria, me tocaba subir una cuesta bastante pendiente y medianamente larga, así que me lo tomé con calma. Habían segado recientemente en un prado al borde de la carretera y aquí, cada vez que siegan, el cielo se llena de rapaces dispuestas a darse un festín con la fauna y microfauna que queda novedosamente al descubierto. De repente fui testigo de una espectacular batalla aérea: un ratonero empezó a acosar insistentemente a una garceta más grande que él, persiguiéndola con picados, requiebros y peligrosas aproximaciones. Tal es así que no paró hasta que la garceta tomó brevemente tierra en mitad de la carretera, unos cincuenta metros delante de mí, para volver a emprender el vuelo huyendo de el ratonero, que decidió abandonar su acoso al percatarse de que dos cuervos la tomaban contra él. Corpulento, hábil volador y con evidentes armas, la rapaz se volvió contra los córvidos, les encaró y respondió al ataque. El escuadrón negro apenas hizo un par de moderadas maniobras de contraataque, pero acabó huyendo perseguido por el ratonero. Todo esto ocurría mientras seguía pedaleando cansina pero entretenidamente hacia arriba hasta que, mirando al asfalto me encontré la causa de todo aquel barullo celeste. Allí estaba la presa original: un lagarto verde que, estoy seguro, había sido el trofeo de la garceta, perdido con su precipitada huida, y todavía no aprovechado por el ratonero que pretendió robárselo. Sí, hace muchos años que no llevo pantallas en el manillar. Ni cuenta kilómetros, ni móvil, ni medidor de potencia, ni pulsómetro y, frecuentemente, ni reloj en la muñeca. No los necesito ni echo de menos y confieso que disfruto infinitamente más con espectáculos (naturales, humanos o paisajísticos) como el que he descrito, que con dígitos informativos ¿Tal vez me esté convirtiendo en un viejo prematuro y analfabeto digital?

Este otro día no iba en bicicleta pero me encontré un albatros. Nunca había visto uno. Al menos desde tan cerca. (Imagen: propia).

Salgo poco por la noche. Fui un noctámbulo pertinaz durante mi juventud hasta que quité la gana. Me considero afortunado por haber completado aquel ciclo, pues considero que cada cosa a su tiempo. Sin embargo, hace unos días mi hermano me propuso ir a un bar alternativo (en el sentido de mantenerse aferrado a cierta de tendencia de garitos que en los ochenta abundaban y que ahora andan en vías de extinción) para tomar algo las dos parejas, mientras unos conocidos, totalmente aficionados, tocaban su música en directo. El grupillo es veterano, minimalista y modesto. Un cantante con guitarra acústica, otro guitarrista que se encarga del contrapunto y los punteos, un hombre a la caja de percusión (no se acerca ni de lejos a la condición de batería) y una chica a los coros. Cuando digo su música no miento. El grupo acomete algunas versiones setenteras para calentar (ellos y al ambiente), pero el grueso principal de aquel largo concierto lo ocuparon canciones compuestas por el vocalista. Son temas de talante cómico y, por lo general, contextualizados en lo local, por lo que a la concurrencia nos resultan divertidos y entrañables, evitando que entremos en juicios de valor sobre su interpretación que, en este caso, valga la redundancia, no viene al caso. Pero también atesoran algunos temas que, igualmente cómicos, tratan asuntos que van más allá del localismo. Y es el caso de uno de sus clásicos, que creo que se titula Coppi y Bartali, y que fue una de las motivaciones que me impulsaron a acudir al concierto. La verdad es que me lo pasé muy bien. Intento dejaros una mala grabación de la canción.

Negacionista, abandonado, Diógenes, medieval, antipatriota, objetor del consumo, viejo prematuro-analfabeto digital… vete tú a saber cuántos sambenitos me andarán colgando por ahí quienes me conocen y, no digamos, aquellos que me leen. Pero qué quieren que les diga a todos ellos… la verdad es que esta está siendo una primavera, a pesar de la más que moderada práctica ciclista, ¡deliciosa!